L'oroneta i Jaume I

Jaime I y la golondrina

El rey Jaime I quería conquistar el reino moro de Valencia. Hacía unos días que el rey había conquistado Burriana y tenía las tiendas montadas cerca del pueblo, en una llanura muy soleada. Aquellos días precisamente, una golondrina llegó con sus compañeras, le gustó el sitio y decidió quedarse.
Las tiendas eran de colores muy vistosos, en medio de todas se alzaba la tienda real, la más alta, la más hermosa de todas.
A la golondrina enseguida le gustó y construyó su nido en el palo central. Sus compañeras, dando vueltas no hacían más que repetirle:
_ No lo hagas ahí… Las tiendas son de tela… Cualquier día un golpe de viento la derribará.
Pero ella como si nada. Quería su nido allí, en el palo más alto de la tienda más alta, bajo un estandarte amarillo de oro con rayas rojas como una llama de fuego. Así que allí construyó su nido, puso los huevos, los incubó y al cabo de un tiempo nacieron las golondrinas más vivas que jamás hayáis visto. La pobre golondrina no tenía un minuto libre: cazaba moscas y mosquitos a centenares, a miles… para alimentar a sus polluelos que estaban continuamente con los picos abiertos de par en par.

Mientras la golondrina se afanaba en alimentar a sus hijos, el rey Jaime se disponía a avanzar hacia Valencia. Salió de la tienda con el casco reluciente en la cabeza, la capa de viaje sobre los hombros y estaba preparado para montar a caballo cuando los sirvientes comenzaron a desmontar la tienda. La pobre golondrina, al oír todo ese jaleo, adivinó que aquello acabaría con su nido y sus polluelos. Comenzó a volar en círculos y a hacer ruido. Todo ese jaleo hizo que el rey levantara los ojos, y él, que era rey, sí que se dio cuenta de lo que pasaba.
_ Parad, les ordenó a sus sirvientes. _ No desmontéis la tienda. Esta golondrina ha hecho su nido en nuestra fe y bajo nuestra bandera, y hasta que no se haya ido con sus hijos, nuestra tienda permanecerá alzada.
La golondrina, que se dio cuenta de lo que pasó, revoloteó alrededor del rey como dándole las gracias y volvió al nido donde los pequeños dormían.
Y cuando el rey fue muy viejo quiso que este hecho quedara escrito en su Crónica para que todo el mundo lo conociera.


Traducción libre del texto de A. Garriga reproducido del libro Veles i vents

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